miércoles, 23 de abril de 2014

HOMENAJE A GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

Celebraremos el paso a la eternidad que ha dado GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ, reuniéndonos para recordarlo para siempre, leyendo párrafos y trayéndole MUCHAS FLORES!!!

viernes, 4 de abril de 2014

EL HOMBRE QUE SOÑABA DESPIERTO





       Sonó el despertador repiqueteando con estridencia durante un minuto y el hombre que estaba en la cama tuvo verdaderas dificul­tades para abrir los ojos y mirar sorprendido en dirección del buró donde el reloj con cara de las ocho de la mañana, mascullaba su acompasado tic-tac. Frunció el seño, pues no recordaba que hubiera concertado la alarma para que sonara a esa hora y más aún, pronto se dio cuenta que ni siquiera recordaba que tuviera un despertador.
La luz de un sol primaveral entraba por la ventana y aunque estaba bastante filtrada por el vaporoso cortinaje, era suficiente como para iluminar la alegría del aposento. Su vista empezó a saltar del reloj a los muebles, a recorrer los cuadros que decoraban las paredes, obviamente con muy buen gusto. Miró en la dirección opuesta y se encontró con la elegancia de un tocador dotado con los múltiples artículos de belleza que estaban sobre la cubierta; además de la fotografía enmarcada de un hombre de unos cuarenta años que lucía una amplia sonrisa de perfecta dentadura y respiraba un aire de triunfador. De un salto se puso de pie sin dejar de mirar en su rededor, totalmente estupefacto.
Nada, absolutamente nada de lo que estaba mirando tenía sentido, hizo esfuerzos desesperados por encontrar algo que le fuera familiar, pero pronto llegó a la conclusión de que no eran sólo los objetos, ahora estaba seguro de que inclusive la habitación le era completamente extraña, nunca había estado allí antes. Descartó de inmediato la posibilidad de que fuera un hotel, pues la decoración no era la que correspondía. Pero eso no era lo importante. El estaba seguro de que no estaba de viaje, de que no había tenido ningún affaire el día anterior como para que hubiera amanecido en algún lugar desconocido. Las preguntas se le agolpaban en la cabeza y de ningún lado salía una respuesta. Fue hasta el tocador y tomó en sus manos la fotografía del hombre sonriente, tratando de encontrar una pista; tampoco había un nombre, una fecha o una dedicatoria, nada... Su mirada se desvió hacia el espejo para contemplarse a sí mismo en busca de un aliado, buscando algo que le fuera conocido, pero su sorpresa fue mayor, se miró frente a frente y no se reconoció. No era él, era otra persona diferente. La imagen del espejo era la del hombre de quien tenía la fotografía en sus manos. La elevó frente al espejo hasta la altura de su cara y cualquier duda quedó disipada. Él era el de la fotografía, él era otro. Es decir, él no era precisamente quien él esperaba ser.
En un último esfuerzo por aclarar su angustiosa duda, forzó el rostro para dibujarse una sonrisa que dejó al descubierto una hilera de dientes perfectos. El retrato cayó de sus manos rompiéndose el vidrio entre los frascos de lociones y cremas embellecedoras.
Unos segundos después, a su espalda, se abrió la puerta y una voz joven y melodiosa dijo: -¿Ya despertó mi amor? 

(De las páginas de HISTORIAS DE ROMPE Y RASGA     
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miércoles, 2 de abril de 2014

EL ESPEJO FALSO




Despertó sin abrir los ojos. Sentía una placidez profunda que no quería romper en la forma ordinaria, es decir, saltando la barrera entre el mundo inconsciente habitado durante el sueño y el que le rodeaba en la realidad.
Se quedó un tanto perdido entre los pensamientos de una vida simple y sin problemas. Hubiera querido despertar de una vez, pero esa sensación no de indolencia, más como de bienestar que le quedaba en el cuerpo, se lo impedía. Pensó en estirar las piernas y los brazos para desentumir los músculos y activar las coyunturas que últimamente habían venido deteriorándose; sin embargo, esa molestia, también le daba motivos para el regodeo solapante que no quería eludir.
Así estuvo en el balanceo indeciso por un tiempo, tal vez minutos, o segundos. ¿Quién sabe? En las fronteras del inconsciente no existe el tiempo. En algún momento abrió los ojos y no pudo ver nada. Y hasta creyó que no los había abierto. Estaba totalmente oscuro. ¿Era de noche aun? - se preguntó sorprendido - ¿O las persianas están cerradas, las cortinas corridas?
Se incorporó con dificultad. A tientas buscó la bata que dejaba a los pies de la cama. Dio unos pasos temeroso de tropezar con algo, y aunque estiró sus manos en todas direcciones no logró tocar nada; recuperó en parte la serenidad cuando comprendió que estaba en una habitación completamente vacía.
Se sorprendió de no sentir ningún temor, por el contrario, sentía curiosidad de saber si aun dormía y  estaba atrapado por alguna pesadilla, o bien que estaba despierto y la pesadilla era su realidad. Esto era normal para él, pues siempre, despiert­o o dormido, los sueños eran parte de su vida diaria.
Caminó en diferentes direcciones y no encontró paredes ni muebles, todo era una oscuridad de terciopelo que le envolvía entre sus pliegues acariciándolo con suavidad. En su curiosidad por definir el espacio en que se encontraba, no había prestado atención a un lejano murmullo que llegaba por momentos a sus oídos. Era algo indefinido, parecía el discurso enérgico de un viento o el murmullo de una muchedumbre. Trató de localizar su origen y caminó lentamente en dirección de un leve destello luminoso que sus ojos percibieron en el fondo de esa caverna sin límites. Se acercó sigilosamente y se encontró frente a un gran espejo enmarcado por una antigua talla de madera estofada.
Al detenerse frente al espejo, encontró que en lugar de reflejar su propia imagen, estaba la de una mujer que vestía sutiles velos que dejaban apreciar la frescura de su cuerpo elegante y delicado. Se miraron largamente a los ojos. El estaba extasiado frente a la imagen que no le correspondía y Ella, impávida, parecía estudiarlo detenidamente, como si fuera la persona más importante que jamás hubiera contemplado. Sus ojos tenían la profundidad del mar y su rostro pálido lucía la serenidad de un atardecer estival.
Ella esbozó una leve sonrisa y giró lentamente para alejarse, dejando que la cauda de su vaporoso vestido gris flotara en la oscuridad, como los nubarrones que anuncian tormenta y se escuchó el murmullo del viento acompañándola. Él la siguió en un movimiento inconsciente, sin darse cuenta de que había cruzado con toda facilidad el umbral del espejo. Se encontró con que en el otro lado no todo era oscuridad. Del horizonte imaginario, brotaban fulgores violetas que se lanzaban a cruzar la bóveda celeste soltando chispazos de brillantes colores que se iban apagando lentamente al hundirse en la negrura de un espacio sideral. La mujer aceleró su paso y se transformó en una estrella fugaz que brilló sólo un instante.
El hombre retuvo en su mente la imagen diluida. Los murmullos de viento se transformaron en suaves melodías que se derramaban alegremente sobre el papel pautado de un bosque antagónico. Estaba feliz de haberse  alejado de la cama, la pesadilla real se estaba convirtiendo en un sueño excitante, hermoso; los rayos de luz, el súbito estruendo de cascadas de colores, a veces brillantes, ahora licuadas o de hielos eternos. ¿De dónde había sacado el subconsciente tales diseños cromáticos, tales formaciones improbables?
Ahora las estrellas giraban a su rededor a velocidades radiales, los soles desparramaban su oro fundido en el regazo de la noche; y en el mar de aguas cristalinas las caprichosas anémonas y las aguamarinas transparentes danzaban en sensuales cadencias alrededor de un grupo de corales cerebrales. Los monstruos marinos corona­dos de espinas y ojos fulgurantes, descansaban después de una prolongada orgía. En las alturas, las aves gigantes se deslizaban en silencio trazando las líneas invisibles de un vuelo de parsimonia circular...
Y él podía percibir con cada uno de sus sentidos las emanaciones de calor, de luz, de ternura, de sonido. Se movía libremente sin ningún esfuerzo, podía perseguir un rayo de luz o correr junto a las ágiles y juguetonas ninfas urbanas. Podía dejarse llevar por las corrientes submarinas que estallaban intempestivamente desde el fondo de las profundidades abisales hasta perder­se en el silencio de una callejuela tibetana.
En la inmensidad de un cielo purpura, adivinó la presencia del umbral del espejo con marco dorado, sigilosamente se acercó hasta tenerlo al alcance de la punta de sus dedos.
Al momento de tocar la fría superficie se sintió arrebatado con violencia por una fuerza intangible que lo succionó a través de la oscuridad. En el transcurso de un milésimo de instante se encontró  nuevamente frente al espejo, ¿estaba despierto? Miró el espejo, era exactamente igual al que tenía su madre en el salón principal de la vieja hacienda de Las Tres Gracias – y que siempre nombraba como "La Luna Francesa." Y allí estaba él, reflejado de cuerpo entero, vistiendo como era su costumbre: Elegante blazer azul oscuro - casimir inglés, por supuesto – pantalón beige de su marca preferida, impecable camisa blanca de cuello suave y corbata italiana de seda de franjas oblicuas y sus cómodos zapatos Florsheim.  Antes de que los recuerdos se fraguaran sintió un leve estremecimiento. Cuando abrió los ojos… ahí estaba, en la habitación débilmente iluminada por la luz incierta del alba. Se dio cuenta - otra vez - que no había espejo y tampoco había imagen. Nuevamente estaba frente a la inmensidad de la nada.
Se detuvo a recapacitar un momento cuando escuchó tras él, un leve murmullo diciendo algo totalmente incomprensible… nebuloso.
Giró temeroso… y allí estaba él, en su cama, durmiendo tranquilamente. Un brazo colgaba fuera de las sábanas, sobre la alfombra había una hipodérmica vacía.
Sonrió satisfecho... 

de Alfonso Tirado

miércoles, 26 de febrero de 2014

TIRO RETRIEVER cuento de Alfonso Tirado

TIRO RETRIEVER
 Lo importante es tener el espíritu de triunfador, así sea una locura no clasificada.
 Barón de Münchensen

Cuando uno aborda el avión, siempre espera que le toque de compañera de asiento la mujer más bella de la lista de pasajeros. Casi siempre es lo contrario.
     Al llegar a la fila que me correspondía, los dos primeros asientos estaban ya ocupados. El de la ventanilla por una señora que respiraba un aire de yo no tengo la culpa y el del centro por un señor regordete de carnes transparentes que me miró con cara de pocos amigos. Mi asiento era el del pasillo. No me preocupó, uno ya sabe que en los aviones se encuentra toda clase de gente. Empecé a hojear con descuido mi revista sintiendo que el señor mal encarado miraba atentamente casi sobre mi hombro a cada página; esto siempre me ha molestado, así que la cerré con cierta violencia para darle a entender al gordo que yo no estaba de acuerdo en compartir mi revista. Por supuesto comprendió la maniobra, y respondió clavándome una mirada intensa como suponiéndome loco o algo así.
     Llevábamos sólo unos minutos de vuelo y sin que viniera al caso, mi gordinflón compañero de asiento me dijo:
      -Vamos a llegar tarde. Los aviones siempre se retrasan... ¡Siempre!
      -?
     -Sí, por una razón o por otra, pero siempre llegan después de la hora prometida.
      Me vi acorralado y tuve que contestar.
     -No creo, salimos a tiempo y...
     -Freddy, no molestes al señor. - dijo la mujer con cara de virgen sevillana, sin preocuparse en abrir los ojos. Freddy se quedó de una pieza, obviamente la había creído dormida como para poder tirarse un lance de comunicación. No me había puesto a pensar antes, pero ahora que lo hacía, me era difícil imaginar la relación entre ellos dos. Ella bien podía haber sido la mamá de aquel hombrecillo en el que los años no parecían dejar sus huellas. También podía ser la esposa con alguna diferencia considerable de edades. El tal Freddy no expresaba ninguna emoción, parecía de un carácter frío... calculador, como si estuviera siempre a la expectativa, retorciéndose continuamente los dedos de sus manos blancas y suaves. Cuando consideró que la mujer estaba dormida, lanzó su segundo ataque.
      -¿Le gusta viajar?... a dónde va?
     -Voy a...
     -Nosotros vamos de vacaciones - dijo sin importarle un comino mi respuesta. Y esta vez no hubo represión por parte de la santa madre, o lo que fuera.
     -Luchita me dice que Miami es muy bonito. Yo nunca he estado allí, ¿sabe?, pero de todas maneras vamos. A mí me gustan los lugares que ya conozco. Una vez fuimos a... no recuerdo cómo se llama, pero era muy aburrido porque no había nada qué hacer y todo el tiempo me la pasé en la habitación. Yo ya me quería regresar, pero Luchita dijo que hasta que se cumpliera la semana. Lo único que me entretenía era que diariamente venían a mi cuarto una o dos personas y platicábamos laaargo y tendido. Me miró fijamente, inclinándose cuanto pudo, como para asegurarse de que le estaba prestando la debida atención y de un vistazo rápido comprobó la situación con Luchita. -A mí me gusta mucho platicar, ¿sabe?
     Y si no lo sabía, a partir de ese momento sabría lo que es una conversación en monólogo.
     - Yo fui campeón internacional, ¿sabe?
     -?
     -¡Sí, de Mata-moscas! - Ya estaba a punto de evadir su verborrea sin importancia, pero cuando mencionó tal hazaña, despertó mi interés.
     -¿Ah, sí?, cuénteme ... cuénteme - le dije, como si fuera necesario insistirle para que siguiera hablando.     
     Con natural fluidez narrativa me contó que su hazaña había sido en Francia, seis años atrás. Tan pronto supo del concurso se inscribió, pues matar moscas había sido su actividad preferida desde siempre; y gracias a su constancia y dedicación es que había logrado habilidades insospechadas. Pronto supo que los otros participantes no eran ningunas peritas en dulce pues cada uno tenía facultades suficientes para alcanzar el triunfo. El contendiente hindú decía que su destreza era "un producto de la necesidad", pues en su pueblo natal las moscas cubrían, literalmente hablando, todo lo existente; la mayoría de sus compatriotas se acostumbraban a vivir en esas condiciones, pero él, había consagrado su vida a combatir la molesta plaga. El asiático, tal vez chino o japonés, era otro de los competidores importantes; pues gracias a la fuerza de su filosofía y control de sus poderes sobrenaturales ostentaba el grado de cinta ultravioleta en Artes Marciales, y por lo tanto calificaba como uno de los contendientes de mayor peligro. (Especialmente para las moscas - dije yo en mi interior). El Gordo describió someramente a otros dos o tres de los participantes que habían hecho un buen papel y se reservó para el final la presentación de él mismo como competidor.
     -Empecé hace mucho tiempo,- dijo con orgullo, después de echar un vistazo vigilante a Luchita que dormía como ninfa austriaca. - cuando encontré que los mata-moscas comunes no eran tan eficientes ni tan duraderos. Así que me puse a perfeccionarlos; era necesario, por principio, encontrar un buen balance entre el largo del mango y la paleta aniquiladora para lograr tiros certeros…
     Me pareció tan divertido que al principio tenía que hacer esfuerzos para contener mi hilaridad, y ahora estaba tan adentrando en el tema que me tenía fascinado por la forma tan técnica en que describía su proyecto; después me explicó detalladamente las pruebas de laboratorio que desarrolló antes de poder enorgullecerse de haber logrado un prototipo de características muy adelantadas, y sólo hasta entonces quedar satisfecho. El producto de sus esfuerzos era el mata¬moscas ZAZ-3, con el que no había mosca que se le escapara por avezada que fuera. Cuando estuvo en París, porque Luchita lo había llevado para un "chequeo" médico, se enteró de la convocatoria para lo que habría de ser el Campeonato Internacional de Matamoscas con sede en el hospital siquiátrico. Estaba confiado de que tenía la capacidad para hacer un buen papel para su satisfacción personal, y por supuesto, para el orgullo de su país principalmente. Las pruebas eran bastante complicadas, la mayoría contenía un alto grado de dificultad, que para los participantes significaba un reto ineludible. Había, - para mencionar algunas de las especialidades - el "Tiro de costado con paleta corta" en la que Freddy no participó, pues su arma ZAZ-3 no encajaba dentro de las especificaciones reglamentarias. Otra de las pruebas era la de "Revés al techo" que por razones nunca aclaradas favorecía a los tiradores zurdos o a los que tenían la habilidad de tirar a dos manos, como Freddy que lograba la misma certeza a diestra y siniestra. La más sofisticada de todas las pruebas era la llamada de "Tiro Real" que consistía en: Finta inicial para espantar a la mosca y de inmediato golpe mortal al aire. En esta prueba Freddy se adjudicó muy buenos puntos de ventaja sobre el asiático que le seguía muy de cerca. En la especialidad de "Tiro de Fantasía" cada competidor presentaba una rutina producto de su propia imaginación, que podía califi¬carse como elegante o sofisticada, como la del brasileño, que lograba a golpes de matamoscas y a ritmo de Bossa Nova, interpretar (por lo que fue muy aplaudido), la melodía de La Chica de Ipanema. Freddy maravilló a la concurrencia y por supuesto, cosechó los puntos del triunfo con su "Tiro de Retriever.'' Consistía en derribar a la mosca sobre una mesa, sin aniquilarla del todo. Con un movimiento rapidísimo de paleta, recogía a la presa lanzándola al aire, para atraparla con la mano izquierda que, automáticamente la arrojaba sobre la mesa, para ahora sí, recibir el golpe del juicio final. Al tiempo que me describía todos los aspectos técnicos y humanos del Campeonato, sus manos, que antes me parecían tan inútiles, subrayaban sus palabras con movimientos ágiles y descriptivos.
     -Fue en París… - dijo nostálgicamente – creo que ya hace diez años de esto. -(Me pareció que antes había dicho seis, pero no quise aclararlo). -Luchita no me lo cree porque ella no estaba ahí. Y ya nunca más hemos regresado a París, ¿sabe?...
      Y de un momento a otro quedó profundamente dormido, como si fuera presa del agotamiento posterior a la ronda final del Campeonato Internacional de Matamoscas. Yo estaba sorprendido, ni de broma hubiera imaginado que pudiera existir algo tan absurdo, y menos aun en una ciudad como París. Sin alterarse en lo más mínimo, Luchita abrió los ojos y me miró beatíficamente por sobre la nariz de Freddy.
     -Ay señor, no sabe cuánto le agradezco que haya tenido la amabi¬lidad de escuchar a mi Freddy. Esa es su historia preferida... y la cuenta cada vez que tiene oportunidad…
     -Señora, yo...
     -No todos tienen la paciencia para aguantar sus... tonterías. Ya ve usted, una vez que empieza, no hay modo de detenerlo... Sabrá Dios cómo es que ha inventado semejante historia.
     -Pero es verdad, dice que usted no la presenció, y que...
     - Usted no se imagina todo lo que he sufrido con sus problemas… Precisamente ahora lo llevo a una clínica en Miami, usted sabe, para enfermos de... - y su mano lánguida se posó suavemente sobre la cabeza de Freddy que yacía inofensivo
      - En la clínica de París me aseguraron que me lo curarían y… ya ve usted.
      Tras el anuncio de la proximidad del aterrizaje, Freddy se despertó con el ajetreo natural que se forma, pero permaneció tranquilo. De pronto, sus ojos lanzaron un destello de vivacidad y su mano derecha se irguió en vivaz alerta; empezó a tirar manotazos al aire para finalizar con un certero golpe de mano abierta sobre el respaldo del frente. Lentamente me acercó la mano empuñada hasta casi tocarme la punta de la nariz. La abrió lentamente para mostrarme el cadáver de una mosca y con un gesto altivo expresó:
      -¡Tiro de Retriever! Todavía hay campeón para rato. 

De HISTORIAS DE ROMPE Y RASGA     myBook.to/DeRompeRasga

miércoles, 19 de febrero de 2014

MIS AMIGOS CAMPESINOS de Gladys Aguilar

Mis amigos, los pobres campesinos, sin plata, dueños de muchas tierras que ya no producen nada; Esas que les fueron dadas por el triunfo de Zapata el que dijo que la tierra sería de quien la trabaja. Mas trabajarlas no basta para hacerlas producir, las carencias que ellos tienen no son solo las del alma son las carencias ya viejas de su raza ya olvidada y que nació condenada para vivir limosnera. Mis amigos ya no tienen precio para su trabajo, aunque logren la cosecha expuesta siempre al fracaso. No pasan de ser los mismos que viven sin esperanza de conseguir con el tiempo una vejez descansada. Los ejidos de mi patria son un pueblo sin futuro millonarios en deudas proletarios en comida tienen el alma apagada para sacar el empuje de esa raza que algun dia fue casta privilegiada. Su miseria es el pretexto para emborrachar sus ansias pues solo estando borrachos disfrazan sus realidades. Si al menos tuvieran agua agua que llegara a tiempo para regar las semilla cuando esta asi lo apremiara Entonces sería distinto otra historia les contara de mis amigos los pobres campesinos de mi patria. Gladys Aguilar, Durante el tiempo que viví en el poblado Luis Echeverría, Ejido Calderitas. QR México.