sábado, 27 de septiembre de 2014



Sigo disfrutando <a mi modo> la lectura de MINIBIOGRAFÍAS ILEGALES DE MÚSICOS MALDITOS de Heberto Gamero. Digo a mi modo porque acostumbro ponerme de música de fondo la música del autor en turno. Especialmente cuando se refiere a una obra precisa. Como leer la minibiografía de Paganini y escuchar los Caprichos. O imaginar a los socios del club de Puccini 'La Bohéme' y ponerme la música. ¡Una delicia!. ("Mi modo" se inició cuando leí las biografías de los pintores. Buscaba las obras en turno y disfrutaba las dos formas visuales. Felicidades Heberto!!!
www.amazon.com/Minibiografías-ilegales-músicos-malditos-Spanish-ebook/dp/B00MVB5SWG/

martes, 16 de septiembre de 2014

COSAS QUE PASAN

Cuento de Umagah. (España) Nuevo colaborador de PARA LEERNOS MEJOR.

Supongo que nada hubiese sido lo mismo si no hubieses sido tan amable, si no hubieses elegido trabajar de noche para ganar más dinero y te hubiesen asignado a mi planta, en ese hospital. Nada, pero nada, si no se hubiera salido la rueda del coche medio averiado que me tuve que comprar, a causa de que me echaran del trabajo de camarero antes de lo previsto por explicarle a mi jefe lo que opinaba sobre él. Trabajo que no tendría que haber cogido si no hubiese decidido dejar los estudios, a causa del odio mutuo que compartíamos mi profesor y yo.
Dejé de pensar en el pasado y me alejé de su lápida. Al salir del cementerio comenzó a llover y decidí coger un taxi. Todavía no me apetecía volver a casa, así que paré el coche y me desmonté para dar un paseo. Me acordé en ese momento de que todavía llovía a cántaros, y entré rápidamente en un bar cercano, cuyo nombre era Algo. No es que no me acuerde, se llamaba de veras así.
Una vez dentro pedí una cerveza para que el dueño del establecimiento dejara de mirarme desde la barra, casi gritándome “me da igual que haga sol, llueva o nieve, aquí se entra para consumir, o no se entra” con su ojos cercados de arrugas.
Al sentarme en la barra, intenté establecer una conversación para pasar el rato.
– Buenos días -le dije a la joven que se encontraba a mi lado.
– ¿Buenos? -respondió- Con la que está cayendo ahí fuera tiene que vigilar un poco con qué saludo intenta iniciar una conversación.
Me pareció una buena respuesta, me suele gustar que alguien se cuestione las frases que de usarlas con tanta frecuencia ya no pensamos en su verdadero significado. Suelo fijarme en estas pequeñas frases habituales que desentonan si se piensa en lo que significan y no en el significado que se les da normalmente.
Supongo que me pilló para que por fin entendiera que yo también cometo esos errores.
La chica decidió romper el silencio que habían creado sus palabras, ya que estas me habían hundido en un mar de pensamientos que me alejaron del bar, de la lluvia y de la chica.
– Bueno… ¿Y qué haces aquí?
– Pedir una cerveza -respondí despertando súbitamente.
– No era eso, me refiero a cómo has llegado hasta aquí.
Pensé en las cavilaciones que había tenido hace media hora, antes de que empezara a llover. De cómo el haber dejado el colegio me había llevado a pasar la tarde en un cementerio.
– Pura casualidad -respondí.

Umagah
umagah.wordpress.com/

lunes, 30 de junio de 2014

¿ESTÁ MURIENDO LA NOVELA?

José Luis Benitez publicó en su blog https://twitter.com/JLBenitez?refsrc=email un artículo que da risa, da miedo y da honda preocupación
33 VECES SE HA ANUNCIADO LA MUERTE DE LA NOVELA desde Julio Verne para acá.
http://elpais.com/elpais/2014/06/30/icon/1404118956_431268.html

A continuación cito sólo dos de los comentarios que me aterran:

1977. Raymond Federman en American Quarterly. “Se nos ha dicho que la novela ha muerto, pero no porque no se escriban nuevas novelas, sino porque las buenas novelas no son leídas, tenidas en cuenta, aceptadas y publicadas por las llamadas editoriales comerciales. La novela no ha muerto, pero está siendo asesinada por los grandes editores”.

2011. Evan Morrison, en The Guardian. “¿Se están extinguiendo los libros? Sí, absolutamente, en 25 años la revolución digital acabará con los libros de papel. Pero, aún más importante, los ebooks y la publicación online acabará con la idea del escritor como profesión”.

Qué opinas tú amigo lector - escritor - editor???


miércoles, 18 de junio de 2014

EL AÑO DE LA RATA

Fragmento del cuento que figura en las páginas de HISTORIAS DE ROMPE Y RASGA Cuentos de todos colores y sabores
http://www.amazon.com//dp/1483905276



EL AÑO DE LA RATA

Este es uno de los cuentos que surgieron de las memorias de un viaje al sur de China. El encanto de sus pequeñas poblaciones de pescadores y criadores de gansos y porcinos y la belleza de su campiña, son experiencias inolvidables.

La proa del barco se hundía suavemente en el espejo de aguas tersas del río Lijiang. Era sólo cuestión de tiempo, tarde o temprano el ferry haría su arribo a Yangshuo, donde Yiang Dailing bajaría para vender sus gansos en el mercado. Era su paseo y la manera de ganarse la vida, cada dos o tres semanas se llevaba un racimo de seis gansos para vender y regresaba con algunas compras y el dinero suficiente para que él y su familia vivieran tranquilamente. El poc-poc-poc del motor resonaba alegre entre los escarpados paredones de las colinas que brotaban por aquí y por allá, haciendo que el río se retorciera como una serpiente. Yiang conocía muy bien esas aguas, las había navegado muchas veces desde niño cuando acompañaba a Yiang Lao, su padre, que tripulaba una barcaza de carga. Aprendió a leer el río y a distinguir los bajos con sus piedras ocultas, las aguas profundas y los remansos y los remolinos que se formaban en los recodos. También sabía de los lugares buenos para la pesca. Su mirada vagaba con facilidad por las montañas de formas caprichosas. Dejaba volar su imaginación para descubrir figuras en las colinas. Algunas le sugerían formas humanas, otra eran como de colmillos de fiera o de orejas de perro; y les iba poniendo nombres y bordándoles una historia. Le gustaba inventar historias, su maestra le dijo varias veces cuando era un niño, que era un pequeño poeta, pero él no entendió lo que eso significaba.
Sus sueños se desvanecieron cuando el ferry bramó con todas las fuerzas de su bocina. Estaba previniendo a un hombre que tiraba su red de pesca en el medio del río. El pescador se apresuró a recoger la red y a levantar el ancla de piedra, para dejarse ir con la corriente y dar paso al monstruo que se movía con rapidez aguas abajo. Yiang Dailing reconoció al pescador, era Zohu Lao, el padre de Xian, su amigo de la infancia.
- ¡Yilu xuleng! - le gritó desde la borda para desearle buena jornada. El viejo no distinguió quién le saludaba, pero agitó alegremente la mano.
Yiang Dailing estaba nervioso, quería llegar pronto, vender los gansos, comprar las cosas de comida que le había encargado su madre, y regresar a casa en su bicicleta, pues el ferry regresaba hasta la tarde y el viaje de regreso era muy lento por ser remontando la corriente.  Siempre tenía la misma urgencia por regresa a su casa. No le gustaba el bullicio del pueblo con sus ruidos, los enjambres de bicicletas, los impertinentes bocinazos de los camiones y el escándalo que salía de la barraca donde se exhibían las películas de golpes, gritos y disparos. Nada de eso le gustaba y no entendía cómo podía la gente pasarse las horas con esas historias de violencia. Él prefería sentarse frente al río para leer el libro que había heredado de su padre. Ya se sabía de memoria cada cuento y cada poema, pero no le cansaba porque cada vez descubría algo nuevo en el significado interior de sus líneas; ese sí que era un poeta, no como él que apenas había escrito algunas cosas sin importancia. Esto le recordó que esperaba vender a buen precio los gansos,  porque quería ir a la tienda de Xhen Zhiao para comprar un "maobi" y otra barrita de "me tiao" negra, (pincel y tinta) para ponerse a escribir sus pensamientos, como lo hacían los poetas.
Miró a sus gansos que estiraban los cuellos a través del tejido de la cesta que estaba junto a su bicicleta. La había comprado el pasado invierno, y se sentía muy orgulloso de tenerla en buen estado; el timbre no funcionaba, pero eso no le preocupaba, pues él no era como todos, que van timbrando continuamente sin necesidad.
Un nuevo pitido del barco anunciando su llegada a Yangshuo puso en actividad a toda la gente que abarrotaba la cubierta inferior. Empe­zaron a recoger sus canastos, a enderezar sus bicicletas cargadas con los pesados manojos de hortalizas, los cacaraqueos y graznidos se mezclaban con los gritos nerviosos de la gente. Yiang carraspeó con todas sus fuerzas y lanzó por sobre la borda a muy buena distancia un grueso escupitajo contento de haber llegado. Afianzó el canasto de los gansos en el porta bultos de la bicicleta y esperó a que el ferry atracara.

jueves, 1 de mayo de 2014

ADIOS A GARCÍA MÁRQUEZ por Janet Guerra


Gabriel García Márquez
Gabriel García Márquez
Se ha ido Gabo, que más que Gabo era un mago, un prestidigitador de la palabra, capaz de suspender la incredulidad del lector hasta límites insospechados e introducirlo en su mundo maravilloso, donde los sucesos más insólitos tienen lugar con una asombrosa naturalidad. En sus libros suena una música de fondo, una música inconfundible, engastada en la misma trama de su prosa envolvente y engatusadora. Dejando aparte la polémica de quiénes fueron sus amigos, no se puede negar que la literatura universal ha perdido a un peso pesado. 
Anda ya de vuelta a casa por el camino de la sierra, abriéndose paso entre lirios sangrientos y salamandras doradas. Hacia las tres de esta misma tarde, jaleado por los pífanos, tambores y sonajas de los gitanos, ha hecho entrada triunfal en Macondo: ese pueblo pequeño a la orilla del río pedregoso de casas con paredes de espejo.
Hasta allá se han desplazado desde otros libros, la Cándida Eréndira, Esteban, Juvenal Urbino, Santiago Nasar, la pequeña Sierva María y un sartal de personajes que se acercan a recibirlo y lo saludan, y le agradecen. 
Aureliano Buendía, alertado por los gritos de Úrsula, sale del fondo de la casa y enseguida lo reconoce. Se funden en el abrazo que se deben... 
Y cuando todos los demás, agotados por los festejos de bienvenida, vuelven a sus respectivas historias, ellos dos se sientan a conversar en el porche, sin prisa, hasta que cae la noche sobre el personaje y sobre el hombre.
Pero aunque lo parezca, aquí no acaba el cuento ni muchísimo menos, porque para los grandes, hayan sido de carne y hueso o de papel y tinta, seguirá amaneciendo cada día en el corazón, en la mente y en los sueños de quienes los hemos leído y seguiremos haciéndolo.